El tiempo

El tiempo

Curioso elemento el tiempo, decía Jarabe de Palo en una de sus canciones.

Comenzar a hablar del tiempo a grandes rasgos es meterse por ello en un agujero sin salida, pero lejos de tener la intención de perderme en teorías y elucubraciones, me gustaría ir a lo concreto.

Hablaré del uso que hacemos del tiempo, y es que viviendo en una era en la que nadie parece tener nunca tiempo suficiente, me pregunto:

¿A qué se debe esta tendencia a sobrecargar nuestro día a día? ¿Para qué? ¿Es esta una forma sana de vivir nuestra vida? ¿No estaremos en realidad — y paradójicamente — también perdiendo el tiempo tratando de ocuparlo con cosas, muchas de las cuales nos desconectan de nosotras mismas?

Está bien dedicarle tiempo al trabajo, a la familia, a nuestras relaciones, pero mientras .. ¿Y a nuestra persona?

Vivimos con la creencia de estar dedicándonos tiempo cuando nos encontramos lejos de nuestro lugar de trabajo o realizando alguna actividad en sociedad. Sin embargo, ¿puedo estar conmigo misma mientras tomo algo con amigos? O, ¿mientras me voy de excursión con mi grupo de senderismo? ¿Sabemos ser nuestra mejor compañía también sin nadie ni nada con forma de pantalla frente a nosotros? ¿Si quiera lo intentamos? Considero de vital importancia alimentar nuestras relaciones personales, pero muchas veces olvidamos concedernos tiempo sólo a nosotras.

¿Y qué decir de la tendencia general a sentirse orgullosa de no disponer de tiempo –fenómeno conocido como “the glorification of busy”– dependiendo siempre de nuestra agenda para hacer hueco a nuestras personas más especiales, no quedando espacio para ellas en muchas ocasiones? Aquellas personas con las que de forma natural surge nuestro ‘yo’ mas auténtico, sin ningún otro requisito que ser y estar. Así, sin más. ¿No es esto triste? Para mí sí lo es.

La dinámica de vida acelerada que llevamos hoy día alimenta la impermanencia de nuestras relaciones lo cual no solo hace que nos alejemos los unos de los otros, sino que nos alejemos de nosotras mismas.

Dado que se nos ha educado para mirar principalmente hacia fuera, no solo se nos olvida mirar hacia dentro, sino que ni siquiera sabemos cómo hacerlo.

En aprender a observarnos estando en paz con lo que vemos se haya la llave a nuestra verdadera libertad, y para esto necesitamos tiempo.

Tiempo para relacionarnos con nuestro vacío, ese lugar dentro de cada cual en el que no hay nada más que un ‘yo’ al que a veces tememos mirar de frente. Lugar en el que no tenemos más remedio que ser, lejos del hacer y del tener.

Tiempo para priorizarnos y centrarnos en el desarrollo de nuestra paciencia, tolerancia, humildad y amor propio; ingredientes con los que podremos emprender el camino hacia nuestra completura como individuos, siendo capaces de vivir nuestra vida sin necesidad de que nada ni nadie cubra ese vacío interior.

Hermoso vacío que debemos aprender a amar y honrar, siendo sólo nuestro, único y verdadero.

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